A tres grados bajo cero y sensación de -7º, en la noche de Livigno, un halfpipe poco amaestrado para las estrellas femeninas de la disciplina, clima inhóspito incluso para Chloe Kim, la reina de la especialidad, que terminada la competición será derrocada, la figura de Queralt Castellet, majestuosa en el deporte, pide perdón por no haber clavado el último giro. Ni siquiera le corresponderá un diploma. Un castigo severo.
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