Las buenas intenciones no bastan. Tampoco un juego de lo más aparente. Aquí mandan las áreas. Y ahí, donde se deciden los partidos, se igualaron las fuerzas de un Sporting de Gijón que, en todo lo demás, fue superior a un Leganés que se limitó a salir como pudo adelante de El Molinón. Lo intentó todo –y de todas las maneras– el equipo de Borja Jiménez, a quien se le resiste ese triunfo que le permita instalarse entre los grandes. Ni en dos días marcó gol. El empate (0-0) es un fastidio para las expectativas del proyecto. Alejandro Irarragorri seguro que se fue con el morro torcido del campo municipal, consciente de que se consumen las semanas y siguen volando puntos necesarios para aspirar a más que a la tierra de nadie. Sensación irremediable: el Sporting pierde otro tren.
El partido en El Molinón fue un constante homenaje a Constantino Rodríguez, “Tanti”, el abonado del Sporting fallecido el domingo en el estadio. La historia del malogrado albañil sierense emocionó a la afición rojiblanca, que se siente representada en la figura de un abuelo que encarna los valores del club y de la ciudad. Se va Tanti, pero su muerte no es en vano, porque una figura anónima hasta el pasado domingo sirve para recordar los valores troncales de este club. Constantino dejó huella y contagió su sportinguismo a su hijo, Javier, y a su nieto, Sergio.
Espoleado por la emotividad, el Sporting salió a El Molinón con mayor energía y se volcó desde la reanudación –superado el minuto 3– sobre la meta de Soriano. No podía contener el Lega la estampida de un equipo gijonés entregado y, además, muy vertical. Atacaban tantos y lo hacían tan rápido los zagales rojiblancos que el Lega solo podía achicar balones, incapaz de contener a un Gelabert que se ubicaba entre líneas y que alcanza otra versión en la mediapunta. En mitad del acoso gijonés, el ‘10’ vio un espacio para un desmarque de Dubasin donde solo había piernas. Lalo metió la pierna y zancadilleó al pingüino, imparable en la carrera. Daniel Palencia pitó sin dudar el penalti. Pero el reloj se detuvo de nuevo en El Molinón tras un chivatazo desde Las Rozas que cogió a todos en el campo despistados. En la capital, Óliver de la Fuente se pasó ocho minutos tirando líneas desde el VAR hasta que apreció un milimétrico fuera de juego de Otero en plena escalada de la acción -falló el semiautomático, lo que enfadó mucho al cuerpo técnico-. La tecnología anuló la infracción de Lalo y reseteó el partido. Pero la frustración no redujo a un Sporting entonces muy estimulado. Los muchachos de Borja no bajaron ni un ápice el ritmo y tenían maniatado a un Leganés que intentaba correr por medio de Asue, muy vigilado por Curbelo. El partido estaba en el territorio de un Sporting que jugaba a la velocidad de los aspirantes.
Sudaban a la vez los dos equipos, pero lo hacían por motivos antagónicos. Parecía el Sporting ansioso por querer tumbar a su rival, como si el encuentro muriese al descanso. Estaban los pepineros contra las cuerdas, pero aguantaron la estampida sin hincar la rodilla. La historia pudo ser distinta tras otra recuperación en campo contrario. Dubasin intercambió los papeles con Gelabert y le dio a este un pase que bien podría haber sido obra del palentino. El mediapunta levitó en el área. En la zona donde a otros les tiemblan las piernas, esperó, tiró un recorte para dejar sentado a Figueredo y lo que podría haber sido un golazo acabó estrellado en el palo. La fortuna no le sonrió al Sporting, merecedor de ir dominando claramente en el marcador. Pero el fútbol se decide en las áreas.
Aquella ocasión sí que nubló más al equipo asturiano. Pareció dudar del camino. Y levantó a los del sur de Madrid, que espabilaron. El encuentro viró en el remate del primer acto y, por momentos, aquello recordó a más de uno al partido ante el Valladolid. Los tiempos ya no solo duran cuarenta y cinco minutos, ahora que el descuento obliga a mantener la atención más de cincuenta minutos. Ya no lucía tan sincronizada la presión rojiblanca, y los pepineros comenzaron a superar líneas y a encontrar zonas de conflicto con suma facilidad. En una transición, Cruz fue capaz de brindar un gran pase a Dani Rodríguez, pero el remate del ex del Mallorca rozó el travesaño. El partido se fue al descanso en plena escalada del Leganés.
La reanudación recuperó el ánimo del Sporting y volvió a encajonar a un Leganés muy pobre y que asumió sin problema un papel secundario, dispuesto incluso a conceder la posesión al equipo local. No querían exponerse los de Igor Oca, que evitaban tapar líneas para limitar las transiciones de los rojiblancos más que mirar campo rival. Aunque en ocasiones debían en estático, no dudaron los gijoneses, que buscaban acelerar el juego para destapar a su rival. Así, Otero –primero–, Gelabert –después–, más tarde Corredera y, al final, Rosas, después de una acción extraordinaria, angustiaron a Soriano, que vivía cosido a la línea. Los balones llovían por las inmediaciones de la portería. La falta de tacto permitió al Lega sobrevivir a ese tramo tan agobiante. E, incluso, a atreverse con inquietar a un Yáñez que pareció durante una hora un espectador más. Eran, en cualquier caso, jugadas precipitadas. Un ejemplo: los disparos de lejos de Óscar Plano y, luego, de Millán. Pero, al menos, obligaban a los gijoneses a no relajarse.
El transcurso de los minutos distorsionó al Sporting. Sentían ya el peso del paso del tiempo. También apretaba la necesidad. Hasta Dubasin perdió el equilibrio en plena carrera. Borja le dio al pichichi un respiro cuando incluyó a Ferrari y a Bernal, que oxigenó las piernas de un Manu Rodríguez que pasa a estar oficiosamente renovado hasta 2030. El único que no se precipitaba era Gelabert. Cuando tiene el día –que es muchas veces– enciende luces donde solo hay oscuridad. Pero Soriano estuvo ahí cuando Otero le obligó a estirarse. Ni los cambios pudieron ya desnivelar un choque donde faltó colmillo y que al final casi combustiona con un descuido de Yáñez.