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El gol de Edu Espiau y los factores Sangalli y Jardí en la primera victoria del Real Zaragoza

Después del bofetón de realidad del debut en Tarragona, juego interesante, pésimo resultado, Ibai Gómez se presentó en su primer partido en el Ibercaja Estadio con varias novedades en la alineación. A la primera que pudo recurrió a la que será su pareja de centrales, Diego González y Rubo Iranzo, introdujo a Vadillo por la frescura con la que había jugado ante el Nástic y durante la pretemporada y sacrificó a Jaume Jardí, uno de los fichajes estrella, si ese calificativo se puede aplicar a alguien en Primera RFEF, pero todavía muy lejos hasta hoy del excelente nivel que alcanzó la temporada pasada.

Si el 2-0 de Tarragona fue un jarro de agua helada en el estreno lejos del fútbol profesional, la primera parte contra el Antequera fue mucho más preocupante. Por momentos, inquietante. Ibai Gómez quiere un equipo que juegue de manera combinativa, creciendo alrededor del balón y haciendo progresar el juego desde el nacimiento de las acciones, desde las botas de Ander Herrera.

El Antequera desactivó el plan por completo con una presión alta efectiva, un juego de gran actividad física y atrevimiento. El Real Zaragoza colapsó, incapaz de superar ni siquiera la primera línea. A la vuelta de los vestuarios, Ibai no tuvo más remedio que actuar ante el espanto que acababa de presenciar. Introdujo cambios en cascada: entraron Sangalli, Pereira y Jardí por Gabilondo, Escudero y Cuenca.

Y, luego, Ureña, otro de los últimos fichajes. Esto ya fue después de que Ander Herrera fallara el penalti que Marco Sangalli le robó a su defensor con un recorte sutil por el costado diestro del ataque. El disparo del capitán desde los once metros se estrelló contra el palo, rebotó en el guardameta y el balón se quedó fuera de la portería.

En la segunda mitad, el Real Zaragoza mejoró con los cambios. La banda derecha, que acabará en las manos y en los pies de Sangalli y Jardí, ganó en profundidad y en calidad. El de Reus dejó cosas interesantes, más participativo que hasta ahora y lúcido en los disparos francos y en los centros. Sangalli debe ser un demonio en Primera RFEF. El equipo jugó con más movilidad y con más credibilidad. Coincidió con que los jugadores de más clase estaban reunidos en el césped.

El Zaragoza estuvo a punto de no ganar. En todas las categorías, y la Primera RFEF no es excepción, llegar hasta la meta de la victoria es difícil. Cualquier rival tiene el nivel suficiente para complicar existencias. El equipo lo había sufrido ante el Nástic y, durante 90 minutos, lo padeció contra el Antequera. El tanto de Edu Espiau sirvió para coger aire, respirar y soltar rabia y adrenalina. Como hizo el propio autor del gol e Ibai Gómez en la banda. Menudo peso que se quitó de encima. Centro de Jardí, prolongación de Diego González y Espiau remata en boca de gol.

Edu dio la primera alegría a la afición blanquilla y reclamó más protagonismo después de una pretemporada gris. El primer gol de la temporada significó el primer triunfo. Eso es lo que vale: ganar. Durante 45 minutos, el Zaragoza fue un tormento. En la segunda se vieron brotes verdes. De todos modos, al equipo aún le falta lo principal que el ténico anda buscando: fluidez y más continuidad en el juego. Será más fácil buscarlo con los tres primeros puntos en el casillero.

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