El Valencia-Barça se está jugando en Mestalla bajo unas condiciones meteorológicas extremas para la práctica del fútbol. El encuentro, correspondiente a la cuarta jornada de LaLiga, ha arrancado a las 16.15 horas con los termómetros alrededor de los 34 grados y con el aviso amarillo por altas temperaturas activo en Valencia.
La situación obliga a poner el foco más allá de lo estrictamente deportivo. Disputar un partido de Primera División a esta hora, en plena tarde y con semejante calor, resulta difícil de justificar, especialmente cuando la protección de los futbolistas se ha convertido en uno de los grandes debates del fútbol actual.
A las 11.00 horas de este domingo, AEMET Comunitat Valenciana mantiene el aviso amarillo por temperaturas máximas y advierte de un episodio de calor que afecta de lleno a las horas en las que se está disputando el encuentro.
No se trata únicamente de una cuestión de incomodidad. Jugar al fútbol profesional con temperaturas superiores a los 30 grados supone un esfuerzo añadido considerable para el organismo. Los jugadores recorren alrededor de diez kilómetros durante un partido, pero además realizan aceleraciones, sprints, frenadas, contactos y constantes cambios de ritmo.
Todo ello mientras el cuerpo intenta regular su propia temperatura.
Pausas de hidratación
Por este motivo, la hidratación adquiere una importancia fundamental durante el Valencia-Barça. Las pausas previstas para que los futbolistas puedan beber y refrescarse ayudan a reducir los efectos del calor, aunque también ponen encima de la mesa una evidente contradicción.
Si las condiciones obligan a adoptar medidas especiales para proteger a los jugadores, resulta razonable preguntarse por qué un partido de esta exigencia se programa precisamente en una de las horas más calurosas del día.
El problema tampoco afecta únicamente a quienes están sobre el césped. Miles de aficionados permanecen en las gradas de Mestalla soportando unas temperaturas muy elevadas, en una jornada en la que existe además un aviso meteorológico oficial.
El fútbol lleva tiempo alertando de la sobrecarga que soportan los jugadores: calendarios cada vez más apretados, poco descanso y un aumento del riesgo físico. Precisamente por eso resulta todavía más llamativo que, cuando sí existe margen para elegir los horarios, un Valencia-Barça se dispute a las 16.15 horas y con unos 34 grados de temperatura.
El encuentro sigue adelante con normalidad y con los correspondientes protocolos de hidratación y vigilancia médica. Pero el debate permanece abierto.
Hay condiciones meteorológicas que nadie puede controlar. Los horarios, en cambio, sí.