La ovación final del siempre exigente Tartiere resumió bien el sentir de un 0-0 que, en otras circunstancias, habría dejado el estómago a medio llenar. Esta vez, en cambio, nadie se fue con hambre. Primero, porque jugar más de 65 minutos con uno menos resume la dificultad de la misión de puntuar. Pero, sobre todo, porque el Oviedo hizo un partidazo. Fue mejor que el Burgos, buscó más el triunfo y, pese a jugar en inferioridad durante más de una hora, acabó dejando la sensación de haber ganado algo más que un punto. El esfuerzo fue de los que pesan en las piernas y alimentan el orgullo. Por eso el empate sabe casi a victoria. Aunque en la tabla el saldo siga saliendo a deber.
Se vio un buen Oviedo, la versión enérgica de primeras, arrinconando al Burgos. Presionando alto, recuperando fácil y llegando a la zona de tres cuartos. Sin esa chispa que se le demanda en los metros finales, pero sumando centros y varios córners.
Se vio especialmente activa a la línea de medias puntas. Jacobo empezó pidiéndolas todas, Villahermosa flotaba y se asociaba y Sáenz abandonaba la derecha para aparecer por dentro, e incluso en el flanco contrario. El Burgos se defendía con el freno de mano puesto. El Oviedo era mejor.
La lista de ocasiones no fue numerosa pero dos cabezazos de Calvo y un centro peligroso de Villahermosa sirvieron para meter el miedo en el cuerpo a los visitantes y para contentar a un Tartiere expectante con los suyos. Pero el partido se sacudió por una acción aislada a los 23 minutos.
Aldasoro llegó algo tarde a una presión, estiró la pierna y tocó al rival a la altura del gemelo. Roja sin discusión en la era VAR, esa que congela la imagen para calibrar la gravedad de las acciones. Sánchez Villalobos saldó el gesto con amarilla pero fue llamado al orden y se fue hacia la pantalla. Ahí rectificó para enseñarle la roja a un Aldasoro que, dicho sea de paso, no tenía ninguna necesidad de ir tan al límite en una jugada tan alejada de la zona de peligro.
La roja vía VAR cambió algo en el partido. No se vio a otro Burgos, todavía reservón. Tampoco es que acobardara al Oviedo, que replegó cuando tocaba pero intentó llegar con el balón. Al que condicionó sobremanera fue al colegiado, un Sánchez Villalobos que ya entró en el choque nervioso pero que tras la rectificación de su colega se puso directamente a temblar, superado por el ambiente, consciente de que ya tenía la actuación en contra.
Fue un esperpento tras otro. Pequeños detalles que fueron minando la moral de jugadores, técnicos y del Tartiere en general. Hay una acción que resulta un buen ejemplo. Jacobo intenta un tiro lejano y sale desviado. El colegiado, en un arrebato de lo que él considerará personalidad, señala una falta previa –inexistente– en una disputa. Sin ninguna necesidad porque el Burgos ya sacaba de puerta. Clásica decisión que un colegiado con más pose y experiencia habría resuelto dejando sacar al portero.
El colegiado se llevó los focos, una escopeta de feria en cada decisión, pero el Oviedo maduro, conteniendo al Burgos. Solo tuvo una, clara, el equipo de Sergio Francisco, un taconazo de Forés ya en el área pequeña que no encontró meta. El Oviedo se había sujetado con la pelota e incluso había amagado a balón parado con otro testarazo de Calvo.
Tras la doble pitada al colegiado –salida del campo y reentrada– se reanudó el choque con un Burgos que de primeras parecía algo más decidido y ambicioso. Pero se encontró con un Oviedo que no rechazó el cara a cara.
Tuvo la suya el Oviedo. La más clara. Robo de Sáenz, carrera, pase a Isfan y cesión de este a Jacobo, ya ante Cantero. Pero el extremo la lanzó a las nubes con todo a favor. No tardó en responder el Burgos, también con otra gran acción. Centró Llabrés e impactó con el interior David González. Aarón respondió ágil. Como siempre.
Siguió el Oviedo de pie, a pesar de las condiciones. Vaya si lo hizo. Tanto que coleccionó otra acción para merecer el tanto. Esta, de la chistera de Pablo Sáenz, que recibió, encaró y sacó un latigazo de zurda que chocó contra el poste. Hubiera sido un señor gol.
Pero no desistió el Oviedo. Lo intentó con un zurdazo de Samu. Se refrescó con los cambios. Alguno con efectos inmediatos. Estanis, en su primer balón como azul, dribló a cuanto rival se le puso por delante hasta que la defensa taponó su definición.
En los últimos minutos tocó sufrir algo más. El punto era una renta interesante, visto lo visto, a pesar de que el premio mayor había estado más cerca del bando azul. Mollejo empezó a amenazar para el Burgos y Karrikaburu probó a Aarón, aunque le pegó limpio.
El resumen de lo visto se vio en el añadido. Quien esperara a un Oviedo agazapado se encontró con otra cosa. Las dos últimas acciones, a balón parado, fueron de los azules, para orgullo de un Tartiere que, sin descorchar el champán, sí se fue satisfecho con lo visto en el verde.