Han pasado casi cinco meses desde que Tadej Pogacar levantó los brazos en Il Lombardia. Cinco meses sin dorsal, sin polvo en los dientes, sin ese silencio extraño que precede al ataque. Este sábado, en las carreteras de sterrato de la Toscana, el esloveno reaparece. Y lo hace vestido con el maillot arcoíris, que ya no parece una prenda sino una segunda piel.