"Tengo a mi abuelo muy presente. Aún vienen historias a la mente… recuerdos de cuando era pequeña, de los momentos en los que jugaba con él en casa o cuando me iba a buscar al colegio. Le pegaba muchas patadas en la espinilla". Para Lola decir Quini no significa hablar del mejor delantero de la historia del Sporting y uno de los mejores del planeta. Para ella no era ese goleador que añora el fútbol y echará de menos siempre de El Molinón. Para ella el Brujo era su "guelu patum". Patum, una palabra que no existe, pero que significa mucho en esta familia y todavía provoca carcajadas. Porque era la manera en la que aquella niña decía patada.
Lola de Castro es la nieta de Quini y abre las puertas de su casa LA NUEVA ESPAÑA en la semana en la que se cumplen ocho años del fallecimiento del "guelu". Este viernes se alcanzan ya los ocho años sin la figura más grande en la historia del Sporting. Una pérdida de la que el sportinguismo no se ha recuperado. Pero que, sobre todo, alcanza a la familia de aquel goleador, que jamás podrá recuperar a la persona, al padre, al tío, al amigo, al abuelo.
Pero la familia del Brujo sigue caminando. Se levanta. Y hace su vida. Aunque admiten que estos días siempre son especialmente pesados. "Sigue muy presente entre nosotros", afirma Lola.
-¿Qué se viene a la cabeza?
"Me vienen muchos recuerdos. Mi padre me pone sus goles en YouTube y nos dice: ‘Mirad, estos son los golazos que metía vuestro guelu’"-
Lola solo pudo disfrutar de su abuelo durante cinco años, pero la huella de él es imborrable. Ella es una gran aficionada del Sporting, club del que es socia desde su nacimiento. No se pierde un partido del equipo de Borja Jiménez y anima siempre a su equipo desde El Molinón.
Aparece ahora al encuentro con una camiseta de su "guelu" y otras dos de los delanteros del Sporting, Otero y Dubasin, que junto a Gelabert son sus jugadores favoritos. Llama la atención que Lola se fija en los delanteros. Su apellido la delata. Pero todavía es más impactante que lo que más le gusta de estos no son los goles –Otero el pasado domingo marcó un golazo y Duba pelea por el pichichi de la categoría con doce tantos–, sino el esfuerzo. Es decir, lo que corren.
"Como mi abuelo era delantero me fijo mucho en ellos. Pero sobre todo me llama la atención cómo se esfuerzan, cómo corren y cómo pelean". Lola de Castro resume en realidad el ADN de su familia y del sportinguismo. Y destaca unas cualidades que tienen estos dos delanteros que jamás tendrán el olfato o el tacto de Quini. Pero que, como ha heredado su familia, representan de maravilla el carácter de la ciudad y de la afición del Sporting. La familia de Quini mantiene esa manera de ser natural, humana, cercana, que tenía el delantero. Y, como él, valoran el compromiso y la bonhomía.
"Otero ha mejorado mucho", dice sonriente. "Pero por Dubasin siento algo especial, sobre todo por su conexión con los aficionados. Lo conozco. Un día fui a El Molinón y lo que pasó luego no me lo esperaba. Mi padre me dijo: ‘Espera, que igual sale un jugador’. Y apareció Duba. Fue muy cariñoso y sencillo", relata.