La protección solar no es solo una cuestión del verano. Aunque muchas personas asocian el uso de fotoprotectores exclusivamente con la playa o las altas temperaturas, los especialistas recuerdan que la radiación ultravioleta sigue presente durante todo el año y puede afectar a la salud de la piel incluso en invierno. Así lo explica la dermatóloga Rosmary Martín Moreno, especialista en Dermatología del Hospital Universitario Vithas Las Palmas, quien destaca la importancia de adaptar los cuidados cutáneos a cada entorno y estilo de vida.
La fotoprotección, recomendable también en invierno
Según la especialista, la fotoprotección invernal no constituye una norma estricta universal, ya que cada caso depende del lugar donde se reside y de las actividades diarias. Sin embargo, recuerda que España es uno de los países europeos con mayor radiación solar durante todo el año. Aunque esta disminuye en invierno, sigue siendo capaz de provocar daño cutáneo, por lo que su uso resulta conveniente.
En regiones como Canarias, donde la radiación ultravioleta permanece elevada durante casi todo el año y las actividades al aire libre son frecuentes, el uso continuado de protector solar resulta especialmente aconsejable. Lo mismo ocurre en zonas con nieve, donde la radiación se intensifica debido al efecto reflectante de la superficie.
La dermatóloga insiste en que la radiación ultravioleta es el principal factor responsable del envejecimiento cutáneo prematuro y del desarrollo del cáncer de piel. Además, su efecto es acumulativo: la exposición diaria, incluso fuera de contextos vacacionales, suma daño con el tiempo. Actividades cotidianas como caminar, practicar deporte al aire libre o la exposición incidental al sol justifican la fotoprotección durante todo el año.
El tipo de protector solar no cambia tanto como se cree
Más que modificar el fotoprotector según la estación, la clave es mantener un uso constante. Se recomienda emplear protectores de amplio espectro frente a radiación UVB y UVA, con un factor de protección solar (SPF) 50, especialmente en zonas fotoexpuestas como rostro, cuello y manos.
Durante el verano, cuando la exposición es más intensa y prolongada, conviene añadir medidas adicionales, como reaplicar el producto con mayor frecuencia, evitar las horas centrales del día y utilizar ropa con protección solar.
Frecuencia de aplicación en invierno
En invierno, dentro de la rutina diaria habitual, suele ser suficiente aplicar el fotoprotector por la mañana en las zonas expuestas. No obstante, debe reaplicarse cuando se realizan actividades al aire libre o existe una exposición solar prolongada.
Además de la fotoprotección, el invierno exige cuidados específicos. El frío, el viento y los cambios bruscos de temperatura favorecen la sequedad cutánea, por lo que mantener una correcta hidratación resulta fundamental. También se aconseja utilizar limpiadores suaves y evitar el uso excesivo de jabones agresivos que puedan alterar la barrera cutánea.
Descuidar la protección solar en invierno también tiene efectos sobre la piel. La radiación ultravioleta continúa provocando alteraciones cutáneas, especialmente en lugares con alta radiación o en estaciones de esquí. A largo plazo, esto se traduce en mayor envejecimiento cutáneo, aparición de manchas, arrugas y pérdida de elasticidad. Además, aumenta el riesgo de lesiones precancerosas y cáncer de piel.
Entre los factores que intensifican el daño solar durante los meses fríos destaca, en primer lugar, la presencia continua de radiación ultravioleta pese a las bajas temperaturas. A ello se suma el efecto de superficies reflectantes como la nieve, capaz de multiplicar la exposición solar, y la altitud, ya que cuanto mayor es esta, mayor resulta la intensidad de la radiación ultravioleta.
Los especialistas subrayan que la protección solar no debe entenderse como una medida estacional, sino como un hábito de salud diaria imprescindible para prevenir el envejecimiento prematuro y reducir el riesgo de enfermedades cutáneas.