El fútbol catalán vivirá este domingo (18:00h) un capítulo sin precedentes en la Segunda RFEF toda vez que el encuentro entre el Sant Andreu y el Atlètic Lleida se transformará en un frente común de dos aficiones unidas por un sentimiento de identidad compartida.
Bajo el lema “Catalunya, con la UESA”, el club barcelonés ha abierto las puertas de su estadio a los socios del Lleida CF, provocando una respuesta multitudinaria: la demanda ha desbordado las previsiones iniciales y ya se está completando un segundo autobús de aficionados azules que viajarán al Narcís Sala para animar al conjunto local.
Este movimiento no es casual, sino el último episodio de una relación de máxima tensión con el Atlètic Lleida. La herida se abrió durante el verano con la compra de la plaza del Lleida CF y se profundizó en pretemporada, cuando el Sant Andreu, en un gesto de solidaridad con los seguidores de la Terra Ferma, canceló un amistoso contra los del Segrià. La respuesta del Atlètic Lleida fue tajante en la primera vuelta: vetar la entrada a la afición visitante en el Camp d’Esports. Ahora, el Narcís Sala devuelve el golpe con una atmósfera de “hermanamiento” que busca convertir el estadio en un clamor contra el modelo de gestión del conjunto visitante.
En lo estrictamente deportivo, el choque llega con el drama de los extremos. El Sant Andreu de Natxo González, que suma once jornadas sin perder, comparece con la oportunidad de asaltar el liderato en solitario si el Poblense tropieza, mientras que el Atlètic Lleida llega asfixiado por la clasificación, necesitando urgentemente los tres puntos para escapar de los puestos de descenso.
El Atlètic Lleida desembarcará en el Narcís Sala bajo la advertencia de un escenario de hostilidad deportiva. El vestuario del Segrià asume que el domingo no solo se medirá a la pizarra de Natxo González, sino a una grada hermanada por las aficiones del Sant Andreu y el Lleida CF.